Crisis de resistencia a insecticidas: por qué la Gestión Integrada de Plagas es imprescindible

Crisis de resistencia a insecticidas: por qué la Gestión Integrada de Plagas es imprescindible

Durante décadas, la respuesta a una plaga casi siempre era la misma: aplicar insecticida, y si no funcionaba, aplicar más. Hoy sabemos que esa estrategia tiene un precio. Muchas especies, como la cucaracha alemana, la chinche de cama y algunos mosquitos, se han vuelto cada vez más difíciles de controlar con los productos de siempre. La comunidad científica lo advierte con claridad: "El uso intensivo y prolongado de los insecticidas sintéticos ha ocasionado el surgimiento de poblaciones resistentes" (Chi-Chim et al., Bioagrociencias, 2024).

¿Qué es la resistencia y cómo aparece?

La resistencia no aparece porque un insecto "se acostumbre" al producto. Es un proceso de selección natural. En cualquier población hay algunos individuos que, por pura variación genética, sobreviven mejor a un insecticida. Si se aplica el mismo producto una y otra vez, mueren los sensibles y sobreviven los resistentes, que se reproducen y transmiten esa ventaja. En especies con ciclos de vida cortos y muchas crías, como la cucaracha alemana, esto puede pasar en pocas generaciones.

Los mecanismos más estudiados son:

  • Mutaciones kdr (knockdown resistance): son cambios en el canal de sodio del sistema nervioso del insecto, que es donde actúan los piretroides. Con la mutación, el insecticida ya no se une bien a su diana y el insecto sobrevive a dosis que antes eran letales.
  • Aumento de la actividad enzimática: algunos insectos producen más cantidad de enzimas como las monooxigenasas P450, las esterasas o las glutatión S-transferasas. Estas enzimas degradan el insecticida antes de que llegue a hacer efecto.
  • Resistencia de comportamiento: algunas poblaciones aprenden a evitar ciertos cebos o superficies tratadas. Un ejemplo es el rechazo de algunas cucarachas a la glucosa de determinados geles.

¿El resultado? Hay que tratar más veces, con más producto y con peores resultados, lo que supone más exposición química para las personas y el medio ambiente.

La Gestión Integrada de Plagas: tratar mejor, no tratar más

La Gestión Integrada de Plagas (GIP o IPM, por sus siglas en inglés) cambia el enfoque. El objetivo no es aplicar producto, sino resolver el problema de forma duradera. Es el modelo que recoge la norma europea UNE-EN 16636 sobre servicios de gestión de plagas, y se basa en varios pasos:

  • Inspección e identificación: saber qué especie es, dónde está y por qué está ahí.
  • Medidas preventivas y estructurales: sellar accesos, corregir deficiencias de higiene y eliminar refugios y fuentes de agua y alimento.
  • Monitorización: colocar puntos de control para medir la actividad y decidir cuándo actuar.
  • Tratamiento químico solo cuando hace falta: se aplica de forma localizada y rotando materias activas con distintos modos de acción, para no seleccionar poblaciones resistentes.
  • Evaluación y seguimiento: comprobar los resultados y ajustar el plan.

Por qué en Mont Medi trabajamos así

En Mont Medi aplicamos la Gestión Integrada de Plagas porque es la forma más eficaz y responsable de proteger a nuestros clientes. Usar menos productos, y con más criterio, no es renunciar a la eficacia, sino asegurar que los tratamientos sigan funcionando cuando de verdad se necesitan. También significa menos exposición en entornos sensibles, como residencias, cocinas, centros educativos o la industria alimentaria, y un servicio con cada actuación documentada que el cliente puede consultar.

¿Quieres saber cómo aplicamos la Gestión Integrada de Plagas en tus instalaciones? Ponte en contacto con nosotros y te asesoraremos sin compromiso.

Fuente: Chi-Chim, W. A., Baak-Baak, C. M., Talavera-Aguilar, L., Cetina-Trejo, R., Cigarroa-Toledo, N. y García-Rejón, J. E. (2024). Control de plagas urbanas de artrópodos y su resistencia a insecticidas: un enfoque actual. Bioagrociencias, 17(1), 59-66. Ver artículo

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