Los primeros pasos hacia la purificación del agua fué la filtración

Los primeros pasos hacia la purificación del agua fué la filtración

La filtración, uno de los primeros pasos

Uno de los primeros pasos hacia la purificación del agua fué la filtración.

Si bien esta técnica ya hemos visto que viene de lejos, uno de los primeros ejemplos de filtración del agua a gran escala fué la ciudad de Venecia. Construida sobre islas, Venecia era la ciudad rodeada de agua pero sin agua de consumo, por lo que dependia de la captura y almacenamiento del agua de lluvia. 

Para ello, bajo las plazas y espacios públicos, hábilmente enlosados para recoger el máximo de agua, se construyeron algibes de almacenamiento bajo un relleno de arena que actuaba como filtro, con una gradación de tamaño del grano para una mayor eficacia de la filtración. 

El agua filtrada se recogia en pozos, a los que acudian los habitantes de Venecia para abastecerse de agua filtrada hasta finales del siglo XIX. Actualmente todavia pueden verse los brocales de esos pozos en las plazas y calles de la ciudad, que hoy estan clausurados con tapas de hierro.

La comercialización de la filtración del agua vino más tarde, en los siglos XVIII y XIX, en Francia e Inglaterra. Primero desarrollando, patentando y vendiendo filtros para uso individual y posteriormente construyendo plantas de filtración y distribuyendo el agua filtrada en contenedores sellados.

La esponja, el carbón, la lana y la arena fueron promovidos como medios filtrantes durante este período, en el que figuras como el italiano Luc Antonio Porzio y el francés Joseph Amy desarrollaron innovadores sistemas de filtración.

El primero propuso un ingenioso sistema de filtración múltiple a través de arena, precedido por un proceso de colar y sedimentar el agua. Y el francés por su parte realizó diseños, para filtros tanto grandes como pequeños, escribió un libro sobre ello y fundó la primera manufactura conocida de fabricación de filtros. Amy se decantó por las esponjas en sus intricados diseños, aunque finalmente la arena acabó siendo incluida en sus creaciones, dada su calidad como medio de filtrado.

Poco después de que Joseph Amy consiguiera en 1749 la primera patente para un filtro de agua emitida en el mundo, la competencia inventiva al otro lado del canal de la Mancha respondió con el londinense James Peacock, que obtuvo la primera patente británica para un proceso de filtrado de agua.

El inglés propuso colocar la arena para el filtrado en esferas concentricas superpuestas de tamaño decreciente, con capas de material de tamaño también regularmente decreciente por encima de él. La filtración se realizaba por ascenso en lugar de por descenso y el filtro tenia un fondo perforado, que se limpiaba por el retroceso de flujo inverso. A pesar de que el filtro de Peacock fue un fracaso, marcó el comienzo de un período de experimentación, que dio como resultado los filtros lentos de arena que todavía se usan en la actualidad.

En las décadas siguientes, fueron los escoceses los que tomaron la iniciativa, en la localidad de Paisley, John Gibb ideó el primer filtro capaz de abastecer a toda una ciudad de agua filtrada y poco después, en Glasgow el agua filtrada ya se canalizaba hasta los consumidores.

A finales del siglo XIX, a medida que se realizaban mejoras en los sistemas de filtración, paralelamente se estableció firmemente la teoría de la existencia de gérmenes causantes de las enfermedades, como resultado de las investigación de Louis Pasteur, Robert Koch y otros, que cuestionaron la creencia extendida de que las enfermedades se transmitian por efluvios malignos (miasma).

Koch, descubridor del agente causal del cólera, Vibrio cholera, aportó evidencias de la importancia de la filtración del agua para protegerse de las enfermedades. El científico comparó los casos de cólera registrados en dos ciudades alemanas contiguas, Hamburgo y Altona, que obtenian el agua potable de un mismo rio, el Elbe.

Altona utilizaba filtración, ya que cogia el agua por debajo de Hamburgo y ésta estaba altamente contaminada. Los resultados del estudio de Koch fueron claros: incluso con una fuente de agua más contaminada, Altona registraba una incidencia mucho menor de cólera que Hamburgo. Dado que en este momento ya se sabia que el cólera estaba causado por una bacteria intestinal excretada en las heces humanas, la conclusión fué que la filtración del agua eliminaba considerablemente la bacteria contaminante de la misma.

Con el surgimiento de la microbiología, nacida a mediados del siglo XIX, se le fue dando cada vez mayor importancia al aspecto bacteriológico de la filtración y a finales de siglo muchas ciudades ya habían construido plantas de filtración, tanto en Europa como en EEU.