La historia del tratamiento del agua potable: un camino hacia la mejora radical de la salud pública

La historia del tratamiento del agua potable: un camino hacia la mejora radical de la salud pública

El agua es fuente de vida... pero también puede ser el medio más eficiente para transmitir rápidamente patógenos. La cloración, desde principios del siglo XX, ha reducido drásticamente la incidencia de las principales enfermedades transmitidas por el agua. Pero diversos tratamientos del agua se iniciaron ya miles de años antes, y han evolucionado hasta conseguir lo que ahora nos parece obvio: un grifo del que brota continuamente agua potable. 

Historia del tratamiento del agua

Disponer de agua potable se ha convertido, en nuestra sociedad occidental, en un hecho cotidiano y que damos por supuesto.

Sin embargo, han pasado muchos años desde que sociedades lejanas empezaron a filtrar, hervir o almacenar el agua en vasijas de cobre para mejorar sus características y también para protegerse de posibles enfermedades transmitidas por el necesario líquido. 

La historia del tratamiento del agua está llena de mentes ingeniosas. Vamos a ver algunos detalles.

Cuando el agua se convirtió en potable

Podriamos pensar que las soluciones para mejorar la calidad y la seguridad del agua para consumo humano son una invención reciente, sin embargo son el fruto de perfeccionar las técnicas utilizadas desde hace miles de años.

Ya entre los años 4.000 y 2.000 a.C. se utilizaban métodos de potabilización, como hervir el agua, ponerla al sol,  filtrarla a través de carbón leña o de arena o almacenarla en recipientes de cobre.

Los egipcios, en los años 1500- 400 a.C., purificaban el agua hirviéndola sobre el fuego, calentándola al sol o sumergiendo una pieza de hierro caliente dentro de la misma. Otro de los métodos más comunes era el filtrado del agua hervida a través de arena o grava para luego dejarla enfriar.

Además, en el antiguo Egipto dejaban reposar el agua en vasijas de barro durante varios meses para que se precipitsen las partículas e impurezas, y mediante un sifón extraían el agua de la parte superior (decantación).

En otras ocasiones incorporaban ciertas sustancias minerales y vegetales para facilitar la precipitación de partículas y clarificar asi el agua (coagulación), entre ellas la piedra de alumbre, compuesta por sulfato de potasio o aluminio, que hoy en día se sigue usando para procesos de coagulación en las potabilizadoras modernas.

Los griegos tampoco ignoraban estas prácticas, como consta en los escritos de Hipócrates (460 - 354 aC) sobre la salud pública, en los que recomienda que el agua se hierva y se cuele antes de beber.

Los primeros métodos de tratamiento del agua trataban principalmente de mejorar sus características; eliminar su turbidez, color, olor o sabor desagradable. Posteriormente, cuando se descubrió una conexión clara entre el agua y ciertas enfermedades, la mayor preocupación fué hacer que el agua estuviera libre de microorganismos nocivos y fuera segura para el consumo humano.

En algún momento de la historia más reciente nace el concepto de agua potable, que engloba todas esas características de seguridad microbiológica y cualidades físicas que la hacen inocua y agradable a nuestros sentidos, y la historia del tratamiento del agua gira precisamente en torno al desarrollo de sistemas para conseguirla.