¿Están conquistando las ratas París?

¿Están conquistando las ratas París?

El problema de las ratas y París no es nuevo. Le Parisien evocaba este lunes la portada de su diario el 8 de febrero de 1968, en la que, en un gran titular, advertía de que “200.000 ratas amenazan con invadir París”. En el centro de la ciudad se cuenta una media de 1,75 ratas por habitante, dijo el experto Pierre Falgayrac al diario Le Figaro el mes pasado. Sumando, significa una población de al menos 3,8 millones de roedores en París, en su gran mayoría —hasta el 80%— alojadas en las alcantarillas.

La cifra, reconoce el Ayuntamiento ahora, ha aumentado en los últimos meses. Uno de los motivos, según las autoridades municipales, es una directiva europea que prohíbe el uso de raticidas en cebo granulado. “Eso ha reducido nuestros medios de lucha y hemos tenido que buscar otras soluciones para detener el problema”, explicó a Le Figaro el jefe de los servicios de salud medioambiental de parís, George Salines. La lucha antiterrorista también ha tenido sus efectos secundarios en el problema de las ratas: como medida de seguridad, las papeleras públicas de París no son armaduras cerradas, sino que consisten en un arco de metal que sostiene una bolsa de plástico transparente que cuelga al aire, y que si bien hace más difícil ocultar armas o artefactos explosivos, también facilita enormemente las cosas a roedores y otros animales (los gigantescos cuervos que también pueblan París son otros atacantes asiduos de las papeleras parisinas). La afición de los parisinos a hacer pícnic en los parques en cuanto asoma un rayo de sol, o la dejadez de algunos restauradores, que en vez de meter la basura en los contenedores la dejan al lado en la calle, no hace sino agravar el problema.

A todo ello se une otra potencial amenaza: las intensas lluvias que sufre la capital francesa desde hace semanas han provocado una fuerte crecida del río Sena, que se ha desbordado en algunas partes del centro de París y han inundado buena parte del hábitat natural de las ratas, que tendrán ahora que buscarse un nuevo refugio, más cerca de la superficie. Y de los parisinos.