Disruptores endocrinos entre los biocidas

Disruptores endocrinos entre los biocidas

El concepto de disruptor endocrino ha entrado con fuerza en la legislación europea durante los últimos años y se está consolidando su reconocimiento como un nuevo tipo de peligro para la salud y el entorno, como lo son los agentes carcinógenos, mutágenos, los tóxicos para la reproduccción o las sustancias persistentes, bioacumulables y tóxicas. Los biocidas no escapan a ser evaluados como sospechosos y, en algunos casos, conocidos disruptores endocrinos.

La existencia de sustancias químicas capaces de interferir de forma negativa en el sistema endocrino de humanos y animales fue reconocida ya por la comunidad científica en 1991. Desde entonces, se han identificado diversos modos de acción de los disruptores endocrinos y diversas enfermedades relacionadas con la exposición a estas sustancias.

Curiosamente, en el inicio del descubrimiento de la disrupción endocrina está involucrado un biocida: el insecticida DDT. En 1962, la científica estadounidense Rachel Carson describió este fenómeno al relacionar pérdidas de población en peces y aves como efecto de la acumulación de DDT (y sus metabolitos) en sus órganos, y de la influencia negativa del insecticida sobre la capacidad reproductiva de los animales. 

Carson también intuyó que los humanos se contaminarían con el DDT a través de los alimentos y que los efectos sobre la salud humana se verían más adelante. Lamentablemente este es el caso. Medio siglo después, se descubrió que las niñas (fetos femeninos) que habían estado expuestas a altos niveles de DDT en el útero durante la década de 1960 tienen un mayor riesgo de desarrollar cáncer de mama.

Fuente: Endocrine Disruptors: from Scientific Evidence to Human Health Protection, Parlamento Europeo/PETI committee, 2019