Clima y Vectores

Clima y Vectores

Los vectores son, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), todo insecto u otro animal que normalmente sea portador de un agente infeccioso que constituya un riesgo para la salud pública1 . En una definición más restringida del término estaríamos refiriéndonos a artrópodos que se alimentan de sangre y que transmiten de forma activa patógenos entre hospedadores. Los artrópodos son animales ectotérmicos que se encuentran dentro de lo que habitualmente denominamos animales de sangre fría o poiquilotermos. Son animales cuyo metabolismo no les permite mantener una temperatura constante con la que realizar sus actividades básicas. Dependen por lo tanto de forma directa de la temperatura ambiente para regular sus funciones vitales. Aunque varía de unos artrópodos a otros, básicamente, las temperaturas por debajo de 0 ºC y por encima de 40 ºC les resultan letales, mientras que temperaturas comprendidas entre los 20 º y 30 ºC son las más adecuadas para sus actividades. Las temperaturas por debajo de 10 º - 12 ºC enlentecen su metabolismo y por lo tanto su capacidad de movimiento, la digestión de alimento o incluso su capacidad de reproducirse. Es por ello que la temperatura ambiente influye directamente en todos los aspectos de su ciclo vital y por lo tanto el cambio climático junto con el cambio global en el que este se engloba, puede modificar de forma importante todos los procesos vitales de estos animales. No solo la temperatura influye sobre los vectores, también los patógenos que transmiten están condicionados por la temperatura para su multiplicación de tal manera que esta influye no solo sobre aquellos sino también en surelación con virus, bacterias y parásitos. El cambio climático está originando un aumento medio de las temperaturas anuales, mucho más acusado en las temperaturas invernales. Este aumento de las temperaturas en el invierno está influyendo de forma importante en varios aspectos relevantes, en primer lugar disminuye la mortalidad invernal, al ser cada vez menos frecuentes temperaturas sostenidas por debajo de 0  ºC durante un periodo de tiempo suficiente para afectar a la supervivencia de poblaciones de vectores, propiciando que las primeras generaciones que superan la fase invernal sean más numerosas. Al ser los inviernos más cortos se adelanta el inicio de su presencia y se retrasa su entrada en letargo, aumentando considerablemente su periodo de actividad, haciendo posible que presenten más generaciones en ese tiempo. De forma simultánea se puede favorecer el periodo de multiplicación de los patógenos en los vectores adelantando el inicio de la transmisión pero sobre todo existe un aumento del riesgo al final de la época de actividad al existir un porcentaje más elevado de hembras infectadas. Su metabolismo se ve aumentado por lo que sus funciones vitales se aceleran facilitando la digestión de la sangre, acortando el periodo de maduración y puesta de huevos, permitiendo que las hembras puedan alimentarse más veces a lo largo de su vida e incrementando el riesgo de la transmisión de enfermedades. El aumento de la temperatura favorece que los patógenos se multipliquen más rápidamente en los vectores acortando el periodo de incubación extrínseco dentro del vector y permitiendo que puedan ser transmitidos más veces en su corto periodo de vida. La temperatura de multiplicación de los patógenos en sus vectores depende de cada patógeno. Debido al proceso de globalización es fácil que otros patógenos adaptados a temperaturas más elevadas puedan encontrar condiciones adecuadas de multiplicación si son introducidos en países hasta ahora considerados libres de ellos. O incluso adaptarse a nuevos vectores desconocidos hasta el momento de estos países2, 3. Pero también puede darse el fenómeno inverso. Temperaturas comprendidas entre los 0  ºC y 10 ºC ralentizan la actividad de los vectores pero no los matan, pudiendo permanecer muchos de ellos en un estado de diapausa durante meses. Se da la circunstancia de que vectores infectados a finales del otoño o comienzos del invierno en los que, al darse las temperaturas adecuadas el patógeno haya podido multiplicarse, si estas descienden, el vector puede pasar a ese estado de letargo invernal. Cuando vuelvan a subir las temperaturas en primavera y entren de nuevo en actividad pueden transmitirlo meses después, aunque no haya casos de la enfermedad en invierno. Es lo que se denomina el “overwintering” . Los escenarios previstos con el cambio climático son que disminuya la cantidad de lluvia pero que aumenten los fenómenos adversos como lluvias torrenciales con inundaciones. Este último fenómeno amplifica de forma importante los hábitats de cría de muchas especies sobre todo las que dependen del agua directamente para criar como son los mosquitos verdaderos (Diptera: Culicidae) que rápidamente colonizan las nuevas zonas desde hábitats permanentes, acortando sus ciclos acuáticos por el incremento de las temperaturas, favoreciendo el aumento de las molestias por picaduras y la transmisión de enfermedades. Este aumento de temperaturas también tiene un aspecto positivo y es que se acelera el metabolismo de los artrópodos, que envejecen de forma más rápida y mueren también antes. Es decir su vida media puede disminuir pero lo compensan con un incremento de sus poblaciones y de su capacidad vectorial. Algunas especies encuentran dificultad para desarrollarse en zonas más áridas pudiendo llegar a desaparecer pero se ha comprobado, en algunas especies de mosquitos que transmiten la malaria o de moscas tsé-tsé que transmiten las tripanosomiasis africanas, que este nicho que dejan vacío es rápidamente ocupado por otras especies adaptadas a ambientes más secos. Por lo que no se interrumpe la transmisión de las enfermedades . El aumento de la temperatura está favoreciendo que algunas especies que crían en ambientes más cálidos estén colonizando nuevas zonas ya sea tanto en altitud como en latitud y se está observando cómo ocupan zonas de montaña o están apareciendo en países más al norte de su distribución habitual . También permite que la multiplicación de patógenos se acorte, facilitando la aparición de enfermedades donde antiguamente había vectores que no podían transmitir patógenos porque la temperatura de multiplicación del patógeno en el vector no era la adecuada.