Las hormigas argentinas se han expandido por el comercio a otros continentes donde constituyen grandes plagas difíciles de detener. Sin embargo, en Argentina estos mismos insectos no constituyen ningún problema.
Gracias a las sustancias químicas que desprende su exoesqueleto (esqueleto externo), las hormigas argentinas de una misma colonia se reconocen entre sí por el olor. Al detectar el olor diferente de hormigas de otras colonias, se vuelven agresivas.
Cuando estas hormigas se introducen en otros países, pierden variabilidad genética, esto hace que los olores sean parecidos, se reconocen entre sí como si fueran de la misma colonia, se agrupan y forman supercolonias.
Esto produce un gran daño ecológico, ya que las hormigas nativas son desplazadas, y a su vez, las especies que se alimenten de éstas. Así, se rompe el equilibrio del ecosistema y, si la especie sobrevive, puede transformarse en plaga, constituyendo un problema y pérdidas millonarias en los cultivos.
Fuente: Pest Control news